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sábado, 12 de octubre de 2013

Ensayos a medias y ratones sin atender: el impacto en la ciencia del 'shutdown'

Cientos de organismos permanecen cerrados desde el primer día de octubre a la espera de que demócratas y republicanos lleguen a un acuerdo para reabrir el Gobierno federal. Pero pocos han sufrido tanto los efectos del cierre de la administración como los Institutos Nacionales de Salud (NIH): una red cuya sede central está a las afueras de Washington y cuyo organigrama agrupa a 27 centros públicos de investigación.
El cierre de la administración obligó a los responsables de la institución a enviar a casa a tres cuartas partes de sus 18.646 empleados. Sólo quienes se encargan de tareas esenciales siguen trabajando durante el paréntesis. Pero los límites no siempre son evidentes. Cada instituto sigue unas reglas distintas y algunos departamentos ignoran las directrices oficiales. Pero a los responsables de la mayoría de los laboratorios se les exige que justifiquen los servicios mínimos de sus empleados y no se les permite trabajar.
Los investigadores más jóvenes aprovechan su posición de subalternos para ignorar las órdenes y mantener a flote sus experimentos. Pero muchos temen que les delate un accidente en el laboratorio. "Podemos aguantar dos semanas más pero luego tendremos serios problemas", decía esta semana a la revista 'Nature' el responsable de uno de los laboratorios del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID).
El NIAID es uno de los 27 centros que forman la red de los Institutos Nacionales de Salud. Un organismo en cuyas instalaciones trabajan miles de científicos y cuyos responsables financian proyectos externos por valor de unos 29.151 millones de dólares: unos 21.410 millones de euros al cambio actual.
Los 27 centros de los NIH sufragan el 28% de la investigación biomédica en EEUU. Una cifra que ofrece una idea aproximada del impacto que supone su cierre en muchos puntos del país. Sus laboratorios han aplazado cientos de ensayos clínicos relacionados con el cáncer, el sida o el Alzheimer y sus responsables han dejado sin tramitar miles de solicitudes de científicos que acuden al organismo en busca de financiación.

Experimentos suspendidos

A una de investigadora del Instituto Nacional del Cáncer se le denegó la entrada y sólo pudo acceder al edificio después de que su jefe pidiera permiso para entrar una hora al día para asesorar a los técnicos que cuidan de sus ratones.
A los roedores se les han inyectado células cancerígenas y han empezado a desarrollar tumores que hacen necesario sacrificarlos. La dispensa permite a la investigadora extraer de sus cadáveres tejidos que le ayudarán a retomar el experimento cuando demócratas y republicanos reabran el Gobierno federal.
Ningún trabajo es tan ingrato como el de los técnicos que cuidan de los animales que se usan en los experimentos. Todos siguen trabajando para velar por la vida de unos 3.900 primates y unos 300.000 ratones cuyo destino depende de la reapertura del Gobierno. Pero el organismo no puede explicar qué están haciendo. Entre otras cosas porque sus responsables de comunicación están entre los afectados por el cierre de la administración.
La esperanza de vida de un ratón sano oscila entre dos o tres años. Pero los que se utilizan en experimentos médicos no suelen aguantar más de 12 meses. La mayoría de ellos viven en jaulas esterilizada y se les alimenta a través de un tubo especial que los expertos rellenan cada dos semanas. "Nosotros somos como las limpiadoras de los hoteles", explica a ELMUNDO.es el veterinario Robert Adams, que supervisa el bienestar de los roedores de la Universidad Johns Hopkins, que recibe más dinero de los NIH que cualquier otro centro del país.
Adams está seguro de que sus colegas federales hacen lo posible por mantener sanos a los animales de los Institutos Nacionales de Salud. Pero alerta sobre las consecuencias del cierre del Gobierno y subraya que sus efectos plantean problemas muy difíciles de resolver. "Las ratonas suelen parir unas 10 crías cada tres semanas y la población no deja de aumentar", explica a este diario. "Algunos ratones desarrollan enfermedades graves y hay que sacrificarlos en sus jaulas con anhídrido carbónico. Llega un momento en que no queda otra opción".
Muchos son ratones cuyo genoma se ha modificado para someterlos a enfermedades humanas. Un detalle que los convierte en especímenes muy costosos y difíciles de sustituir. Un único animal puede llegar a costar miles de dólares y algunos son ejemplares únicos imposibles de reemplazar.

Trabajos ralentizados

Mantener una colonia de ratones transgénicos requiere chequear el ADN de cada ratón. No hacerlo puede poner en peligro experimentos muy costosos. "Si supiera que mi laboratorio va a estar cerrado durante dos semanas tomaría medidas para reducir el número de ratones", decía esta semana Roger Reeves, que ejerce como profesor en la Universidad Johns Hopkins e investiga los orígenes de síndrome de Down.
Su colega Adams tiene claros los pasos que seguiría si le tocara supervisar los ratones de los Institutos Nacionales de Salud: "Lo primero que haría sería separar los machos de las hembras pero no es fácil tener tantas jaulas disponibles. Luego habría que controlar la población según van avanzando los días del cierre del Gobierno. No es la tarea más bonita del mundo pero alguien tiene que hacerla".
Adams explica que su universidad ya ha empezado a sentir los efectos del cierre de la administración pública: "Hemos dejado de traer ratones del Instituto del Cáncer y eso empieza a ralentizar el trabajo de los científicos. Otro problema es que los responsables de los centros no revisan nuestras propuestas y eso retrasa la entrega de unos fondos de los que muchas personas dependen para llegar a fin de mes".

La OMS pide la eliminación del mercurio en todos los instrumentos médicos

Este viernes se firma la iniciativa 'Salud libre de mercurio en 2020' bajo el marco del convenio de Minamata. Dicho acuerdo pide la eliminación definitiva de termómetros y tensiómetros que contengan mercurio. Es decir, se pondrá fin a la producción, importanción y exportación no sólo de instrumentos médicos que incluyan este elemento químico, también de otros productos que lo contienen (como pilas e interruptores) de aquí a 2020.
"Con la firma de la Convención de Minamata conseguiremos proteger al mundo para siempre de las devastadoras consecuencias que el mercurio tiene en la salud", afirma la Directora General, Margaret Chan. Se trata de "uno de los 10 elementos químicos de mayor preocupación para la salud pública. Se dispersa y permanece en los organismos durante años, causando graves enfermedades y discapacidad intelectual a la población expuesta", continúa. Puede causar daño cerebral, especialmente entre los jóvenes; desórdenes en el sistema nervioso, inmunitario y reproductor, daños renales y digestivos.
Hace muchos años que los expertos lo advertían, al igual que anunciaban el incremento de las emisiones de este metal. Después de varias negociaciones, al al final, a principios de este año, 140 países llegaron a un acuerdo vinculante para la reducción de sus emisiones que finalmente se suscribe este viernes.
Para conseguirlo, "el Convenio establece un plan de acción para que los países firmantes eliminen las formas más perjudiciales del uso del mercurio, reduzcan las emisiones de este metal procedentes de la industria, promuevan alternativas sin mercurio asequibles y seguras, protejan a los niños y a las mujeres en edad fértil (el mercurio plantea una amenaza especial para el desarrollo del niño en el útero) de la exposición a este elemento químico y tomen medidas para mejorar la salud y el bienestar de los trabajadores que estén en contacto con el mercurio".
Aunque, de momento, la Convención de Minamata permite que se sigan utilizando aparatos médicos de medición con mercurio hasta 2030 sólo en circunstancias especiales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la coalición internacional Salud sin Daño insisten en que, dadas las tremendas consecuencias que la exposición al mercurio tiene en la salud, debería mantenerse 2020 como fecha límite.
"La OMS trabajará con los gobiernos para garantizar que cumplan sus obligaciones en virtud del convenio, especialmente en las áreas de salud", señala la doctora María Neira, directora de la OMS para Salud Pública y Medio Ambiente. "Esto requiere la eliminación de termómetros y tensiómetros de mercurio", aunque la OMS y sus asociados del sector de la salud se comprometen, además, a intentar eliminar el mercurio de los antisépticos tópicos y de los cosméticos para aclarar la piel. También quieren desarrollar medidas para "eliminar el uso del mercurio en empastes y otros productos dentales" y fomentar el intercambio de información sobre la investigación en salud pública.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Síndrome de Down, esperanzas para una terapia génica


Un cariotipo normal en el hombre presenta 23 pares de cromosomas, incluyendo dos cromosomas sexuales, haciendo un total de 46 en cada célula. Sin embargo, las personas con síndrome de Down tienen tres copias del cromosoma 21, en lugar de dos. 

Este síndrome se caracteriza por síntomas tales como dificultades de aprendizaje y la enfermedad de Alzheimer de inicio precoz, así como un mayor riesgo de enfermedades de la sangre y defectos cardíacos. 

Científicos estadounidenses afirman que han dado un paso más para tratar trastornos causados por un cromosoma extra, "apagando" el cromosoma que causa los síntomas del síndrome de Down en las células humanas. 

La investigación, publicada en la revista Nature, podría algún día conducir a nuevos tratamientos médicos para este tipo de síndromes. Según señala la Asociación de Síndrome de Down en el Reino Unido, este investigación, en un futuro puede representar un beneficio real para las personas con síndrome de Down. 

Hasta ahora, la idea de ser capaz de silenciar los efectos de un cromosoma entero había estaba más allá de los límites de lo posible, incluso en el laboratorio, sin embargo, la terapia génica (que son aquellas terapias que utilizan modificaciones genéticas para el tratamiento de enfermedades), tiene un papel crucial en estas líneas de investigación, y ha empezado a mostrar resultados esperanzadores en cultivos humanos in vitro. 

Ahora, científicos de la Universidad de Massachusetts Medical School han demostrado que, en teoría, esto podría ser posible, pero requerirá décadas de investigación para que pueda ser aplicado en humanos. Un equipo dirigido por la Dra. Jeanne Lawrence inserta un gen llamado XIST en las células madre (stem cells) de una persona con síndrome de Down, y estas células se cultivan en el laboratorio. Este gen XIST, juega un papel crucial en el silenciamiento del cromosoma X de los embriones femeninos, para compensar el número de copias génicas con las presentes en los embriones masculinos (que sólo tienen un cromosoma X y no dos como las hembras). 

Los experimentos mostraron que el gen fue capaz de silenciar la copia extra del cromosoma 21, ayudando a la corrección de los patrones inusuales de crecimiento presentado por las células que llevan las tres copias del cromosoma 21. Según señaló el Dr. Lawrence en la BBC: "La investigación significa que tenemos una nueva manera para estudiar la base celular para el síndrome de Down, que podría ayudar a identificar los medicamentos para tratar este enfermedad”. Según la Dra. Lucy Raymond (Departamento de Genética Médica, Universidad de Cambridge), señala que esta investigación es un avance emocionante, pero este proceso se encuentra todavía en una etapa muy temprana [celular] y estamos muy lejos de ver a este procedimiento se utiliza en el tratamiento del síndrome de Down en las personas."

domingo, 15 de septiembre de 2013

Primer tratamiento accesible y masivo contra la elefantiasis

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estrenado su sistema rápido de aprobación de medicaciones con un nuevo tratamiento para la filariasis. La enfermedad la causa un gusano —la filaria— y afecta a unos 120 millones de personas en el mundo. En verdad, podría decirse que son tres enfermedades en una. Si el gusano se instala en el sistema linfático aparece la filariasis linfática. Esta enfermedad muchas veces se llama elefantiasis, porque al bloquear el drenaje de los vasos, el gusano, sobre todo en sus fases juveniles, producen hinchazones de los miembros por acumulación de los líquidos. Estas son muy dolorosas, incapacitantes y estigmatizantes. Se calcula que hay unos 40 millones de personas que presentan malformaciones por esta causa.
Otra variante sucede con otro tipo de gusano, que se asienta en la piel y los ojos. Entonces aparece la oncocercosis, ceguera de río, que es la primera causa de pérdida de visión en los países pobres. Afecta a 17,7 millones de personas, de las que unas 270.000 están completamente ciegas, según la Organización Mundial de la Salud. Por último, hay otra variedad, la loaiasis o enfermedad de Loa loa, que se manifiesta sobre todo en la piel. Las tres formas son endémicas del África ecuatorial, aunque también se dan casos en Centroamérica y Asia. Además, pueden convivir varias de ellas, por lo que la OMS calcula que hay unos 1.400 millones de personas en zonas de peligro.
La filariasis, en cualquiera de sus formas, entra dentro de la categoría de las enfermedades olvidadas, porque pese a su impacto (el triple que casos de personas infectadas por el VIH, por ejemplo), como no se da en países ricos no recibe atención por las empresas farmacéuticas.
En concreto, la OMS ha utilizado en este caso el proceso que denomina precalificación de tratamientos. Se trata de una especie de permiso acelerado que obedece a la gravedad y a la falta de investigación en la enfermedad. Y, además, la OMS actúa para garantizar que se trata de productos de una calidad probada. Con ello se intenta compensar el abandono que sufren los afectados. En este caso el nuevo fármaco, la dietilcarbamiacina, será producida por un laboratorio japonés, Eisai Co. Pero la OMS, en este caso, no se limita a dar el visto bueno de una manera acelerada al producto, algo que ha hecho de una manera acelerada. A la OMS le han bastado 10 meses de revisión de la documentación presentada por el fabricante, cuando los plazos de aprobación de fármacos por las agencias estatales suelen ser mucho más largos, incluso de años, ya que, aparte de verificar los resultados científicos, las negociaciones suelen llevar aparejadas también conversaciones para fijar el precio, sobre todo en países donde el medicamento va a ser financiado por la sanidad pública.
Además, el otro requisito que impone la OMS es que hay que dar garantías de accesibilidad. El fabricante debe asegurar que suministrará el producto a quienes lo necesitan. En este caso, según informa la organización, Esai se ha comprometido a donar 2.200 millones de dosis en seis años.
Con esta aportación se espera consolidar la lucha contra las distintas formas de filariasis, una enfermedad que se transmite cuando los mosquitos que portan los huevos del gusano pican al ser humano. A partir de ahí este empieza su desarrollo introduciéndose en la persona.
Actualmente hay dos tratamientos para esta enfermedad, que está en la lista de las que organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates o Iniciativa para el Desarrollo de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi), recientemente galardonada con el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, tienen en su punto de mira. Esta última también prevé, para 2015, tener listo su tratamiento. La idea es tener una batería de fármacos conjuntos para combatir el gusano en todas sus fases, ya que uno de los problemas que hay actualmente es que los fármacos actúan solo sobre huevos o individuos jóvenes, pero no sobre los adultos, con lo que la cadena de transmisión no se detiene. Y esto es muy importante en este caso de las enfermedades parasitarias. Lo normal es que la filaria entre en el organismo de los individuos cuando son niños, y luego ya no tienen por qué salir de él. Las manifestaciones empiezan en la vida adulta, y, de alguna manera, el daño va acumulándose. Por eso hay que conseguir medicaciones que actúen, al menos, de tres maneras: sobre las ejemplares en fase juvenil, los adultos y también de manera preventiva. En concreto, el candidato de DNDi actúa sobre la fase adulta. La organización explica que con ello no solo se asegura que se rompa la cadena de la procreación del parásito. Al evitar que haya crías o que se actúe sobre ellas se aborda un problema secundario grave de las medicaciones actuales: al matar a los animales en fase juvenil, estos están en los vasos más estrechos y pequeños, los cadáveres se acumulan y pueden aparecer encefalitis o daños renales, por ejemplo.

Microcerebros humanos

Los microcerebros humanos que acaban de crear un equipo de científicos austriacos tendrán seguramente muchas aplicaciones, pero es improbable que el trasplante sea una de ellas. No porque sean pequeños, imperfectos y carentes de un sistema circulatorio, pues cabe suponer que todo ello se irá resolviendo a medida que avance la tecnología de las células madre y la medicina regenerativa. Ni tampoco por cuestiones inmunológicas, ya que los investigadores del Instituto de Biotecnología Molecular de Viena han mostrado que pueden partir de células madre iPS, cuyo genoma proviene de un paciente y genera un “organoide cerebral” genéticamente idéntico a él que no provocaría rechazo en caso de trasplante.
El problema es mucho más simple y fundamental: nadie querrá que le trasplanten un cerebro, pues ya no sería él, sino el otro, el individuo creado en el tubo de ensayo, al que —por así decir— se le habría trasplantado el cuerpo del paciente. Casi marea pensar en estas cosas. Pero no hace falta pensar en ellas, al menos de momento. El objetivo de esta investigación no es obtener tejidos u órganos trasplantables, sino un material de estudio con el que ningún neurólogo se había atrevido a soñar.
En primer lugar, los microcerebros de unos cuatro milímetros de diámetro generados a partir de células madre humanas constituyen en sí mismos un sistema modelo óptimo para analizar el desarrollo del cerebro humano, algo que por obvias razones éticas no se podrían hacer en personas. Y en segundo lugar, la posibilidad de obtener estos “organoides cerebrales” a partir de células de la piel de pacientes neurológicos permite estudiar su enfermedad con una profundidad sin precedentes.
Los científicos de Viena lo han probado ya con un enfermo de microcefalia. Mediante células madre iPS, o de pluripotencia inducida, que han obtenido reprogramando las células adultas del paciente, han podido generar microcerebros y han descubierto que las células precursoras neuronales se convierten en neuronas antes de lo normal: una importante clave sobre esta dolencia hereditaria.
Lo que venga después es un continente biomédico tan vasto que ni la imaginación puede abarcarlo.